«La punta del iceberg»
Se equivocan quienes piensan que esto de los movimientos de indignación
es flor de un día, que con el tiempo se desvanecerá como niebla mañanera se
desvanece poco a poco por si sola. Nunca en la historia de la humanidad una
transformación tecnológica que se haya extendido trasformado todos los ámbitos
de la producción ha dejado inermes las estructuras y la vida social. Sé que mi
línea argumental es marxista; pero en este punto, el señor Carlos Marx era
científico no ideólogo revolucionario, se limitaba a constatar que las
estructuras económicas, productivas y tecnológicas están íntimamente imbricadas
en el sistema social, cualquier cambio que se opera en ellas trasforma el sistema
global.
Pues bien, estamos o hemos asistido a una de las tres grandes
revoluciones tecnológicas de la historia de la humanidad (las otras dos fueron
la agrícola en la revolución neolítica y la revolución industrial en el XVIII),
si aquellas cambiaron las estructuras sociales, la mentalidad y la forma de
vivir del ser humano, ésta revolución de las Nuevas Tecnologías de la Información
y Comunicación hará otro tanto.
En primer lugar la propia tecnología se ha convertido en un
instrumento de relación humana y transformación de la vida pública. Lo acabamos
de vivir en ésta primavera en varios países de oriente próximo. Donde la
revolución de las redes sociales, ha terminado con dictaduras ampliamente
consolidadas y apoyadas por los el poder internacional (EE.UU y UE). Allí las
redes sociales, un elemento de estas tecnologías, se han convertido en un
instrumento de la revolución social.
En los países desarrollados no tenemos dictaduras, pero
tenemos un sistema democrático muy basado en herramientas de participación que
han quedado obsoletas, los partidos políticos se han convertido en aparatos y
oligarquías de poder dejando mucho que desear en cuanto a representación política.
Los sindicatos, responden más a la lucha
de clases del la pasada revolución industrial que a instrumentos de defensa del
trabajador (especialmente el que está en el paro). Todo ello, conduce a la pérdida
de credibilidad y desafección ciudadana, quien comienza a percibir como estos
viejos instrumentos de participación ciudadana no son válidos para la solución
de sus problemas; sino que forman parte del problema mismo.
De ahí que, independiente mente del tiempo que se tarde (los
viejos partidos no van a dejar el poder y perder la bicoca así por las buenas),
el sistema de representación y participación ciudadana cambiara también en los
países desarrollados. Los movimientos de los llamados indignados junto otros que
surgen por doquier, son hoy la punta del iceberg de lo que se nos viene
inevitablemente encima. Eso, aun cuando quienes detentan en la actualidad el
Poder miren para otro lado.
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